Los colombianos vivimos en un país de mierderos

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Los colombianos vivimos en un país de mierderos, donde cualquier inepto, incapaz de administrar su hogar, presume ser mejor que el Presidente y donde los criminales se unen para evitar que su incompetencia y espíritu maldito quede en evidencia.

Un país de mierderos

Luis Gustavo Moreno

Por: Juan Cataño Bracho

Mierderos le llamamos en Chiriguaná a los charlatanes e ineptos que propalan en su discurso tener la solución a todos los problemas, sin que haya evidencia de ninguna gestión suya. Son personas que nunca han fracasado, claro porque no han intentado nada. Son idealistas hábiles en la retórica, pero pusilánimes cuando hay que actuar.

Por lo anterior creo que los colombianos vivimos en un país de mierderos, donde cualquier inepto, que ni siquiera es capaz de administrar su hogar, presume ser mejor que el Presidente y donde los criminales se unen para evitar que su incompetencia y espíritu maldito quede en evidencia.

Los mierderos están en todas las esferas e instituciones sociales, como en el Congreso, donde abundan los que no están de acuerdo con nada pero tampoco son capaces de enseñar cómo es mejor.

Por mierderos es que hacemos parte de un país donde, a pesar de la jurisprudencia y la verborrea que “apesta” las bibliotecas, intentamos legalizar o ver como normal todo aquello que no hemos sido capaces de combatir, :

La Guerra, la Drogadicción, la Prostitución, la Homosexualidad, el Contrabando, la Corrupción, la Paternidad Irresponsable, el Desplazamiento Masivo, el Transporte Ilegal, el Clientelismo, Tráfico de Influencias, la Injusticia, la Mediocridad, el Concierto para Delinquir, la Entronización del Dinero, la Esclavitud, la Extorsión, el Trabajo Informal, el Latifundio, el Aborto, el Divorcio, la Extorsión, el Soborno, entre otros. Porque somos tan mierderos que hemos invertido los valores donde lo malo nos parece bueno y lo bueno nos parece malo, hasta el extremo de hacer de la guerra nuestro estado ideal, porque en ella podemos esconder nuestros delitos en un Estado caótico y anárquico.

Claro, por nuestro interés de ganancia, y la ley del menor esfuerzo; hemos hecho del delito una ocasión de ganancia, un país de oportunistas donde “la papaya” es la fruta más popular.

Nuestra condición de mierderos ha quedado sublimado por estos días en el discurso, en letras de molde, de un fiscal, Luis Gustavo Moreno, que a través de un libro sienta cátedra de moralidad, pero a través de sus acciones queda patentado como el más ruin de los criminales.

Y lo que es peor: el que intenta combatirlo es mal visto, difamado,  perseguido y/o asesinado. Mientras quienes alcanzan algunas formación con la que pueden ayudar a que el pueblo se libere, por su codicia, deseos de poder y ambición; se venden a mejor postor.

Pero, a pesar de confusión en que nos han mantenido los mierderos, aún estamos a tiempo de parar nuestro potro desbocado y, por ejemplo, desde el poder de nuestro voto revocarle el mandato a la clase dirigente tradicional que estima legítimo enriquecerse a costa del Estado. No nos dejemos engañar de los jinetes del mal que por sus mezquinos intereses particulares quieren un país a su medida y nos tratan de convencer que vivimos en un estado de cosas ideal. No perdamos la ilusión de vivir en un país mejor, con justicia social y, por ende, en paz.

“Sabemos que no será un camino fácil, porque nos enfrentaremos a redes económicas consolidadas con un poder inmenso acumulado a lo largo de muchos años, que no querrá ceder un milímetro de sus prebendas y privilegios los cuales se convirtieron en el óbice para que el Estado Justo pueda desarrollarse”.

No dejemos que la cortina de humo de nuestros vecinos nos distraiga, apliquémonos a nuestros propios problemas pero sobre la base de que no necesitamos charlatanes sino hombre y mujeres comprometidos con nuestro momento histórico.

Para algo el interés de las familias por educar a los hijos ha crecido y tenemos suficiente capital humano para remplazar a la turba corrupta que ha deslegitimado la paz y legitimado la guerra, a través de la práctica de injusticia. Aunque es increíble, nos toca admitir que entre más estudiamos más ignorantes nos volvemos, porque de lo contrario no es posible explicar que a menudo caemos en manos del demonio, que nos confunde con su palabrería y nos coge con los calzones abajo naufragando en la ambición y la codicia.

Acerca del Autor

Comunicador Social Vallenato. Licenciado en Filosofía, Investigador. Medios: http://larazonvallenata.com . Radio Guatapurí, Antena Cívica.

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