Tragedia en Chiriguaná

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Tragedia en Chiriguaná

Aspectos del paro

Absolutamente nada justifica que la protesta pacífica de la comunidad de Chiriguaná haya terminado con el saldo trágico de un docente muerto –Naimén Agustín Lara–, varios heridos de gravedad, la subestación de Policía incendiada y el orden público seriamente alterado.

Tres factores actuaron como detonante de la protesta de los chiriguaneros: en primer lugar, la consabida crisis del hospital regional San Andrés, sobre la cual nos referimos en nuestra nota editorial de ayer.

En segundo lugar, la instalación del peaje en el corregimiento de Rincón Hondo, en desarrollo de la polémica concesión Cesar – Guajira. Y, finalmente, las reiteradas fallas en el servicio de energía eléctrica que presta Electricaribe.

En este sentido cabe decir que le sobran motivos para protestar a dicha comunidad. Sus razones son legítimas, pero equivocados los medios escogidos para hacerlo, pues, por supuesto, que el bloqueo de la troncal de Oriente –que conecta a la Costa con el centro del país– constituye una vía de hecho inaceptable en un estado de derecho. Empero, esta medida extrema debía entenderse como un grito desesperado de una población agobiada por serios problemas frente a los cuales sus gobernantes han sido incapaces de darle una pronta y efectiva solución.

Sin embargo, también fue errónea la reacción de las autoridades y, principalmente, del ESMAD de la Policía, quien, según denuncias de la comunidad, no agotó la vía del diálogo con los líderes de protesta para levantar el bloqueo, sino que, de buenas a primeras, quiso disolver la protesta y el bloqueo lanzando gases lacrimógenos sobre la población y empleando la fuerza en exceso.

Poco convincentes han sido las explicaciones dadas por las autoridades policiales a los medios para explicar lo sucedido. Se insiste: nada justifica la muerte de un profesor a tiros por la espalda, como tampoco que a otro protestante le hayan pasado varias veces por encima una moto de la policía. ¿Quién responde por estos actos?

Tampoco ha estado a la altura de las circunstancias la alcaldesa Zunilda Tolosa, quien actuó sin el liderazgo que requería la situación, reflejando no sólo debilidad de carácter, sino también inexperiencia para manejar un municipio con problemas complejos como el de Chiriguaná.  También falló notoriamente el gobierno departamental, por no actuar oportunamente, sino sólo después de que sucedieron los fatales hechos. A este hora ni siquiera existe un pronunciamiento oficinal por parte de la administración departamental. El gobernador está en Bogotá y el secretario de gobierno, Delwin Jiménez, no responde.

De esta tragedia deberían quedar bien claro dos lecciones: la primerísima es la de atender oportunamente los reclamos de las comunidades. En Chiriguaná se ha incubado por mucho tiempo una protesta por necesidades insatisfechas y desatendidas por sucesivas administraciones locales y departamentales. Este es el caldo de cultivo que explotó ayer de la peor manera posible. No es la primera vez que pasa. Basta recordar la quema de la registraduría por la inconformidad con el resultado de las elecciones de alcalde de 2011.

La segunda gran lección es el imperativo ético de acudir, en primera instancia, al diálogo con las comunidades, a la solución pacífica de las diferencias. Y dejar el expediente del uso legítimo de la fuerza, como medida de último resorte. Por invertir el orden de las cosas, hoy se viste de luto una familia y, por extensión, toda Chiriguaná.

Fuente: Editorial Radio Guatapurí

Acerca del Autor

Comunicador Social Vallenato. Licenciado en Filosofía, Investigador. Medios: http://larazonvallenata.com . Radio Guatapurí, Antena Cívica.

1 comentario

  1. Hanner freyle on

    Hola Juan
    Desafortunadamente la vía de hechos es en lo que finalmente terminan lo abusos de politiqueros corruptos que colman la paciencia del pueblo, dejo claro que no estoy de acuerdo con desmanes de desadactados que se aprovechan de estas manifestaciones para sacar frutos.